Trabajo publicado por Alejandro García Sánchez en 2013 en la Universidad de Murcia.
Índice
- Introducción
- Mi argumento
- Referencias bibliográficas
- The Wire y su contexto de producción
¨
Antecedentes de David Simon y Ed Burns
¨
Guionistas adicionales
¨
HBO
- Teorías del Realismo Literario
¨
Realismo Genético-Realismo Moderno
¨
Realismo Formal
- El Realismo en The Wire
¨
Lenguaje visual
§ Conclusión
§ Bibliografía
Introducción
The
Wire (HBO. 2002-2008) es una serie de televisión estadounidense, emitida en
el canal por cable HBO entre los años 2002 y 2008, dividida en cinco temporadas,
con un total de 60 episodios de una hora de duración. Creada y producida por
David Simon, junto con Ed Burns, The Wire
traza una completa radiografía de la ciudad de Baltimore, urbe más poblada del
estado de Maryland (Estados Unidos), única y auténtica protagonista de la
serie. Dentro de ella, convivimos con policías, traficantes de drogas, adictos
a esas mismas drogas, abogados, jueces, fiscales, trabajadores del puerto,
sindicatos, políticos, profesores o periodistas, cada uno con sus
preocupaciones y el contexto social donde las desarrollan. Aunque es un drama
de ficción, el denominador común que une las múltiples historias que se cuentan
en la serie es el realismo, el afán de sus creadores por mostrar la realidad de
sus protagonistas de la forma más verídica posible, dejando a un lado
convencionalismos y vicios del género.
The Wire nunca alcanzó grandes números
de audiencia (su máximo histórico fue de 5’5 millones de espectadores en cuarta
temporada, lejos de los 14’4 millones conseguidos por The Sopranos (HBO, 1999-2007) en su quinta entrega) sin embargo la
serie ha ido ganando cada vez más adeptos gracias a las buenas críticas que
siempre ha recibido, sobre todo por parte del público.
A pesar de que,
sobre todo en la primera temporada, aunque también en las siguientes, seguimos
las andanzas de un grupo de policías, el propio David Simon, en un artículo
publicado como prólogo en el libro The
Wire. Truth Be Told (The Wire. Toda
la verdad) de Rafael Álvarez, comienza diciendo que “había policías y
gánsteres en abundancia” aunque “lo juro por Dios, nunca fue una serie de
policías” (Rafael Álvarez, 2013: 1). Ésta afirmación, y el interés de Simon por
apartarse de los esquemas visuales y temáticos de las series de policías (en
referencia al esquema clásico utilizado por éstas durante toda la historia de
la televisión) responde al deseo de los creadores dejar a un lado la dicotomía
bien-mal, que ha estructurado la televisión desde sus inicios, para centrarse
en la realidad, en este caso de Baltimore, y ficcionarla en la pequeña pantalla
tal y como es. The Wire abandona la
idea de mostrar a los buenos triunfando y a los malos fracasando, tan recurrida
en las ficciones televisivas, para transmitir un reflejo fiel de la sociedad,
donde no hay ni buenos ni malos, sino donde la gente intenta sobrevivir,
solucionar sus problemas o llevar a cabo sus ambiciones, siendo y actuando,
según dice Simon, como lo que al fin y al cabo somos todos, “una confusa y
corrupta combinación de motivaciones personales” (Rafael Álvarez, 2013: 3)
El género
televisivo, por el medio en el que se desarrolla, se ha encontrado condicionado
durante toda su historia por la publicidad, que ha financiado a las cadenas, y
por los índices de audiencia, que han puesto y quitado series de la parrilla independientemente
de la calidad que éstas mostraran. Estos aspectos han apartado de los guiones para
televisión las historias que no mantienen al espectador enganchado y las que no
proporcionan un estado de satisfacción emocional a corto plazo a los
espectadores/consumidores de los productos que les venden en los intermedios.
Desde los inicios de la producción dramática para televisión, la publicidad ha
actuado como un productor más, influyendo directamente en el contenido de los
programas. Ya los sponsors de los programas en la televisión americana de los 1950,
que sirvió de patrón para su desarrollo en otros países más tarde, eran
compañías que utilizaban las series para anunciar sus productos, que a menudo
no tenían nada que ver con ella. La idea que planteaban era que, para que los
espectadores, potenciales consumidores de su producto, aceptaran de buen grado
los consejos publicitarios que les iban a ofrecer, el programa televisivo tenía
que predisponerlo mentalmente con un producto agradable, colorido, feliz, esto
es, un producto que venda al espectador la idea de que el mundo marcha bien y
que su vida será más plena si compra más.
En este
contexto, The Wire supone la preponderancia
del relato sobre el marco televisivo, poniendo en la pantalla unas historias
tan reales como descorazonadoras, a pesar de que, como reconoce Simon,
“perderíamos a algunos telespectadores: los que no se esforzaban lo
suficiente para seguir el intrincado relato, los que se esforzaban al máximo
pero se hacían un lío y los que, esperándose una ficción televisiva por
episodios, se aburrirían terriblemente a causa del ritmo novelístico de la
misma.” (Rafael Álvarez, 2013: 22)
Es interesante
que Simon hable del “ritmo novelístico” de la serie, y es que, antes de su
estreno, The Wire adquirió cierta
fama a causa de que Simon la definiera en una serie de entrevistas previas al
estreno como una novela televisada: “empecé refiriéndome al trabajo en términos
de una «novela visual», explicando que los primeros episodios de la serie
tenían que considerarse mayormente como los primeros capítulos de cualquier
libro, aun de cierta extensión. —Piensen en los primeros capítulos de cualquier
novela que nos haya podido gustar, por ejemplo, Moby Dick —le dije a un periodista por teléfono—. En el primer par
de capítulos no encontramos a la ballena ni a Ahab, ni siquiera nos embarcamos
a bordo del Pequod. Lo único que ocurre es que acompañamos a Ismael a la posada
y descubrimos que tiene que compartir habitación con cierto personaje tatuado.
Pues lo mismo pasa aquí. Estamos ante una novela visual”, dejando a un lado el
habitual esquema de las series policiacas, en las que un asesinato es resuelto
en cada episodio, pasando a mostrar una visión mucho más realista del trabajo
policial, centrado toda la primera temporada en un solo caso, la acusación
contra el capo de la mafia Avon Barksdale. (Rafael Álvarez, 2013: 22-23)
La creación y
emisión de The Wire fue posible
gracias al canal que permitió un cambio tan radical en la forma de hacer
televisión, un canal pionero como es HBO. Nada mejor para ejemplificarlo que
una vivencia que cuenta Simon de la época en la que la cadena NBC adaptó su
libro Homicidio en una serie. “Tom
Fontana (guionista y productor de Homicidio)
quiso escribir tres capítulos seguidos en los que un violento traficante de
drogas escapaba a todo castigo, le dijeron que sólo le permitirían hacerlo si
los detectives disparaban y mataban al villano al final del cuarto episodio.
Bien uno, mal cero. Pasamos a publicidad” (Rafael Álvarez, 2013: 12) Estas
experiencias hicieron a Simon valorar más la posibilidad de hacer un producto
diferente gracias a HBO.
Simon y Burns,
el primero fue quince años reportero de sucesos del diario Baltimore Sun y el segundo detective de homicidios y posteriormente
educador (igual que el personaje de la serie
Roland Pryzbylewski) son dos observadores de la realidad social de
Baltimore, y por extensión de Estados Unidos y del mundo occidental, que luego
plasmaron en la serie. Una sociedad, según Simon, con una “incapacidad cada vez
mayor, no ya para tratar con honestidad nuestros problemas, sino para
reconocerlos” (Rafael Álvarez, 2013: 5), regida por un sistema capitalista que
devora individuos en pos del crecimiento de los mercados y del consumo, dejando
atrás personas devoradas por las leyes de la economía.
La realidad que
se muestra en The Wire fue vivida en
primera persona por sus creadores, Simon y Burns, que se conocieron cuando el
primero realizó un reportaje sobre un traficante detenido por el segundo
mediante un sistema de escuchas telefónicas (igual que el grupo de policías
protagonista de la serie) en 1985. Cuando Ed Burns dejó la policía para
ser profesor, su amigo David Simon le
propuso pasar un tiempo en una de las esquinas de Baltimore que constituye un
mercado libre de droga, y conocer a la gente que allí vivía. De la esquina
entre Monroe y Fayette salió el libro conjunto The Corner (La esquina)
1997, llevado a la pequeña pantalla por HBO en 2000, un claro precedente de The Wire. (Rafael Álvarez, 2013: 12-13)
Según Simon, “The Wire nació enclavada entre dos
grandes mitos americanos. El primero dice que en este país, si eres más listo
que los demás, más astuto o frugal o un visionario, si construyes una ratonera
mejor que las otras, si llegas primero con una idea mejor, tendrás éxito más
allá de lo que jamás hayas soñado [...] Pero también existe otro mito que apoya
a este primero [...] sostiene que aquellos que no son ni taimados ni astutos
pero están dispuestos a levantarse todos los días y trabajar duro y luego
volver a casa y mantener su compromiso con su familia, su comunidad y las
instituciones a las que hayan querido servir, también ellos recibirán una
porción del pastel. Puede que no conduzcan coches de lujo, ni puedan salir a
comer fuera cada fin de semana; puede que sus hijos no sean candidatos a ser admitidos
en Harvard o Brown y, cuando llegue el domingo, puede que no vean el partido en
una pantalla plana gigante. Pero tendrán su sitio y no serán traicionados”
(Rafael Álvarez, 2013: 5-6)
Es este segundo
mito americano el que desacredita totalmente la realidad mostrada por The Wire, dándole protagonismo en el
drama de ficción televisivo a una clase social que no lo había tenido hasta
ahora, lo que entronca directamente con el Realismo Decimonónico. No sólo me
estoy refiriendo a que los drogadictos y los traficantes sean tratados, no como
los típicos villanos o marginados, sino como caracteres interesantes, con
profundidad, sobre los que desarrollar una historia. Me estoy refiriendo
también a personas como los policías, algunos políticos o periodistas, retratados
en la mayoría de la ficción como héroes que salvan el mundo casi cada semana
pero que en realidad son personas que, aunque luchen por cambiar las cosas, no
son capaces de ello, aunque intenten salir adelante, difícilmente lo consiguen.
En términos generales, podríamos decir que los personajes de The Wire conforman la parte de atrás de
la sociedad, los antihéroes, los que no consiguieron triunfar en la competitiva
sociedad que es nuestro mundo. En palabras del propio Simon, “The Wire trata sobre la América de los
que hemos dejado atrás” (Rafael Álvarez, 2013: 8).
Mi
argumento
The
Wire podría ser considerado un avatar contemporáneo de la novela realista decimonónica.
Aunque la ficción televisiva y la ficción literaria, en este caso las series de
televisión y las novelas, son medios muy diferentes, los dos se utilizan para
contar historias, historias que pueden ser fantásticas o que, en este caso,
pueden ser realistas. En este estudio vamos a comparar la forma de hacer realismo
que han acometido, por un lado, la serie de televisión más destacada en este
aspecto en la historia del medio, The Wire; y por otra el movimiento literario de novela
realista que se dio en el siglo XIX, sobre todo en Francia, aunque también con
mucha importancia en Rusia y en Reino Unido, entre cuyos exponentes encontramos
a Balzac, Stendhal, Flaubert, Zola, Dostoievsky, Tolstoi, Dickens, Thackeray, o
Trollope, entre muchos otros.
En estas dos
manifestaciones artísticas se persigue un mismo objetivo, introducir al
lector/espectador en la realidad social que le rodea, reflejando un aspecto concreto de ésta, el
mundo de los más desfavorecidos, desde un punto de vista objetivo, reflejando a
sus personajes tal como son, evitando aportar elementos fantásticos que doten a
la historia de un mayor interés basado en la espectacularidad o exoticidad.
El objetivo
pretendido, el camino y las técnicas que utilizan, por un lado los creadores de
The Wire y por otro los novelistas
decimonónicos, así como al fin al que llegan, son los aspectos que vamos a
comparar en el siguiente estudio.
Referencias
bibliográficas
Pocos son los estudios que, en
castellano, se han ocupado de la relación entre la ficción televisiva y el
Realismo Literario, más allá del libro Imaginar
la realidad. Ensayos sobre la representación de la realidad en el cine, la
televisión y los nuevos medios. (Sevilla: Comunicación Social, 2010),
coordinado por Marta Torregrosa Puig. En él, centrándose en la relación más
concreta que nos concierne aquí, la que mantiene The Wire con el Realismo Literario, Alberto Nahum García, profesor
de la Universidad de Navarra, publicó el ensayo “This America, Man! El Realismo
como crítica ideológica en The Wire”. En él expone “las estrategias
representacionales que la serie emplea en tres ámbitos: el contexto de
producción, la “ilusión de verdad” en el texto y la crítica sociopolítica que transmite
al espectador en la recepción” (Alberto N. García, 2010: 111).
En cuanto al
contexto de producción, Nahum García destaca los múltiples hechos biográficos,
o que fueron conocidos de primera mano por los creadores, que éstos plasman en
la serie, marcando esto como un aspecto clave del realismo de la serie. Como
ejemplo, cita la escena con la que se abre el episodio piloto de la serie, que
le fue relatada a David Simon en términos muy similares a cómo se muestra en la
serie:
En el escenario de un asesinato en
un gueto de Baltimore, el detective McNulty conversa con un testigo:
Testigo: Podría haberlo hecho trizas,
como siempre hacemos.
McNulty: Estoy de acuerdo.
Testigo: Pero matar a Snot Bogie
(“Mocos”) Estuvo haciendo lo mismo no sé durante cuánto tiempo. Matar a un
hombre por una tontería. Lo que digo es que todos los viernes por la noche…en
el callejón de la tienda de saldos, jugábamos a los dados. Todos los muchachos
del barrio jugábamos hasta tarde (…) y, como siempre, Snot Bogie también
jugaba. Jugaba hasta que el bote era grande. Y después lo cogía todo y salía
corriendo.
McNulty: ¿Siempre?
Testigo: No lo podía evitar.
McNulty: Déjame ver si lo entiendo.
Todos los viernes por la noche jugabais a los dados, ¿sí? Y todos los viernes
por la noche, tu amigo Snot Bogie esperaba a que se acumulara el bote para
cogerlo y escapar, ¿le dejaban hacer eso?
Testigo: Lo atrapábamos y le
pegábamos, pero nadie iba más allá de eso.
McNulty: Tengo que preguntarte algo.
Si Snot Bogie cogía el dinero y escapaba… ¿por qué le dejaban jugar?
Testigo: ¿Qué?
McNulty: Si Snot Bogie siempre robaba
el dinero, ¿por qué lo dejaban jugar?
Testigo: Teníamos que dejarlo. ¡Esto
es América, tío! [Episodio 1.1] (Alberto N. García, 2010: 112)
Además de las
vivencias de los creadores, Nahum García destaca el uso de actores desconocidos
o no profesionales de las propias calles de Baltimore, muchos de ellos que se
interpretaban a sí mismos, aunque otros muchos, antiguas personalidades de
Baltimore o personas que Simon y Burns conocieron en algún momento de su vida.
Este hecho supone para Nahum García “un realzamiento del realismo, pues los
actores no arrastran esa sobrecarga semántica implícita que pueden otorgar
papeles anteriores” (Alberto N. García, 2010: 114)
Respecto a la
ilusión de verdad en el texto, alude a los muchos elementos: sonidos, ambientes,
localizaciones, así como de técnicas de filmación, de que se sirven los
creadores con el fin de crear ilusión de verdad. Destaca el relato “con
múltiples tramas y más de cincuenta personajes, de ritmo pausado y
anticlimático, lineal, […] que se detiene en la descripción física de los
ambientes donde se desarrolla la acción” frente a “los cánones de otros cop-shows (series de policías) como la
hipervisibilidad de CSI o al montaje
acelerado de 24” (Alberto N. García,
2010: 114)
Señala como
“decisivo” el rodaje en exteriores en las propias calles del Oeste de Baltimore,
equiparando The Wire al cine
neorrealista de Rosselini: En palabras de Ángel Quintana en El cine italiano 1942-1961. Del neorrealismo
a la modernidad (1997) “explora los mecanismos del documental y descubre
que el cine de ficción también puede privilegiar el efecto referencial al
situar a los personajes, las cosas y las ideas del mundo ficcional en un
universo real que, geográfica y temporalmente, estuviera perfectamente
definido” (Alberto N. García, 2010: 115)
En este
contexto, engloba a la serie dentro del “Realismo Perceptual” glosado por
Currie: “un realismo que, además de estético, es metafísico, es decir, que no
está solo en las formas” (Alberto N. García, 2010: 115) Destaca, además, el
empeño por hacer de la ciudad un personaje más, grabando todo en espacios
reales. Enlazándolo con el recurrente uso de las cámaras de seguridad de la
calle, en palabras de Josep María Catalá: “con la pretensión de sustituir el
ojo imposible que todo lo ve por una mirada de ojos dispuestos a verlo todo
mediante la consunción de un espacio visible” (Catalá, 2008: 186). De este
modo, The Wire “exhibe todos los
espacios sociales, culturales y económicos de Baltimore” (Alberto N. García,
2010: 117)
En la parte
final, reflexiona sobre la crítica social de la serie, destacando el destino
trágico de muchos personajes, así como el fracaso profesional de muchos
honrados trabajadores frente al éxito de otros que no lo son. Así, asegura
Nahum García, “la serie proyecta un profundo pesimismo moral, donde se antoja
imposible cambiar el curso de los acontecimientos” (Alberto N. García, 2010:
118)
En su única
referencia directa a las novelas realistas decimonónicas, compara The Wire con Balzac en cuanto a su
estructura “acumulativa” con gran número de personajes y de historias (Alberto
N. García, 2010: 111)
Por otra parte,
el profesor Santiago Moreno, de la Universidad de Chile, Santiago, Chile,
publicó, en el año 2012 un artículo en la Revista
Laboratorio de la Escuela de Literatura Creativa de la Universidad Diego
Portales de Chile, un artículo titulado “The Wire: La Insistencia del Realismo”, en él, realiza una lectura de la serie The Wire a través de la cual pretende “poner
de manifiesto la utilización de la poética realista, establecida en el siglo
XIX, como método de observación y análisis de la realidad allí representada”,
para ello, estudia las relaciones “entre la serie y los postulados teóricos
propuestos por Emile Zola en su texto Le
Roman Experimental” (Santiago Moreno, 2012)
Lo primero que
hace es contextualizar el actual mercado de las series de televisión,
asegurando que “en los últimos 15 años han generado un mercado propio y una
producción más amplia, con preocupaciones estéticas y narrativas propias del
mundo del cine” (Santiago Moreno, 2012). Aunque reconoce que “la gran mayoría
de las series de televisión que ofrecen las grandes productoras estadounidenses
no escapan del canon y la necesidad de vender sobre la calidad del producto”,
culpando de ello de manera casi encubierta a la “publicidad televisiva”,
asegura que también “encontraremos ciertos productos que se han caracterizado
por un tratamiento cuidadoso e inteligente, tanto de la narración como de la
visualidad” (Santiago Moreno, 2012) Aquí es donde aparece The Wire.
De la serie
destaca su “extensión y minuciosidad”, así como su gran número de personajes,
asegurando que “logra retratar una realidad de manera verosímil e inteligente”.
Estas características, que se muestran claramente en un análisis superficial,
han provocado que se hable de The Wire
como “una serie realista” en el sentido más coloquial y menos académico del
término, “con la intención de referirse a representaciones de lo real”, olvidando “ciertas dimensiones
críticas que pueden abrir las puertas a un análisis más profundo acerca de las
intenciones de ésta” (Santiago Moreno, 2012)
A continuación
realiza un análisis del término Realismo, arrancando desde el concepto clásico
de Mímesis, “que tradicionalmente se ha entendido cómo imitación de la
realidad” pasando por la “constante representación de la realidad en la
creación artística occidental”, hasta llegar a que “existen ciertos paradigmas
modernos que consolidaron una visión de lo que hoy se entiende por Realismo”
(Santiago Moreno, 2012)
Centrándose en
el movimiento literario decimonónico en Francia (aunque también coloca en el
mismo escalafón el pictórico), el profesor Moreno se pregunta: “¿Qué significó
la representación de la realidad para
los artistas que cimentaron su obra en esta búsqueda? ¿Existió realmente la
intención seria y comprometida por parte de los artistas de representar la
realidad humana, social y sicológica, o más bien se trató de una justificación
temática para llevar a cabo sus obras?” (Santiago Moreno, 2012)
Para contestar,
contextualiza la época, destacando que “tanto escritores como pintores vieron
la necesidad de representar ciertas vivencias humanas que hasta ese momento no
eran consideradas dignas de ser representadas”. Así, en la Francia del siglo
XIX, “la concepción clásica, según la cual los sentimientos deben ser representados
de forma pura y aislada, será desechada y gran parte de los escritores se
abocarán a describir a la sociedad tal como la ven”. Su retrato de la
sociedad “tendrá como método la
observación proveniente de las ciencias”, es decir, la objetividad, “y como
tema, la nueva sociedad que se ha formado” tras los cambios políticos y
sociales acaecidos en los decenios precedentes, resultando como temas: “La
poderosa y emergente burguesía, la decadencia de la nobleza y la miseria de la
clase trabajadora” (Santiago Moreno, 2012)
Entroncando ya The Wire y el Realismo, lo primero que
hace Moreno es mostrar un ejemplo de lo analizado anteriormente, esto es, de la
vaguedad con que el término Realismo es referido en según qué contextos: “El
Mercurio en su edición del 29 de abril del 2012, a través de un artículo
al respecto de las series de televisión, describe la serie utilizando el
concepto de Realismo de la siguiente manera: “De The Wire- una visión
realista de Baltimore – se ha dicho que es una novela visual a la altura de
Dickens” (Cofré y Rodríguez, 2012: 2-3). La utilización del término es
imprecisa, pues habría que aclarar ciertamente qué características de la
literatura de Dickens se están tomando por símiles, y en qué sentido estas
pueden ser entendidas como realistas, es decir, describe el Realismo como “algo
que hacía Dickens”. Como lo demuestra la cita, la escasa crítica sobre cultura
de masas existente, y que se remite a diarios de circulación masiva, confunde y
entrampa un entendimiento crítico del término” (Santiago Moreno, 2012)
Aclarado el
término Realismo, Moreno se lanza a analizar si “los recursos utilizados por la
serie pueden compararse, a rasgos generales, con la narrativa realista del
siglo XIX” (Santiago Moreno, 2012)
El primer punto
en común que encuentra es “la intención de retratar una problemática social y
política que no ha entrado con anterioridad a las representaciones de su
género”. Argumentando que “tal como los novelistas realistas del siglo XIX se
propusieron esto como programa estético (La Comédie humaine de Balzac
y Les Rougon-Macquart de Zola representan esta intención mediante la
creación de una serie de novelas que dan cuenta de la vida de familias
burguesas y sus descendientes en la nueva sociedad moderna), The Wire
plantea una visión extendida y profunda, no solo con respecto al tráfico de
drogas en Baltimore, sino también frente a los lazos de poder que se generan en
la administración pública, y cómo estos condicionan la problemática social y
policial que afecta a las sociedades actuales de manera directa”. (Santiago
Moreno, 2012) Otra intención en común entre los creadores de The Wire y los escritores realistas
decimonónicos, señala Moreno, es la “intención de hacer entrar en la
representación el accionar de las altas esferas del poder público, y al mismo
tiempo revelar como estas decisiones repercuten de manera directa en los
sectores populares y vulnerables de una sociedad determinada”. Así como la
“observación científica, es decir, una mirada que pretende ponerse del lado de
lo objetivo o neutral con respecto a las problemáticas desarrolladas” (Santiago
Moreno, 2012)
Estos tres
elementos comunes, señalados con gran acierto por Santiago Moreno, serán clave
en la construcción de éste estudio, ya que son la base de la creación artística
de The Wire y de los realistas
decimonónicos.
A continuación,
el trabajo de Moreno se centra en las comparaciones “a partir del programa
teórico que planteó Emile Zola en su texto Le Roman Experimental”, por lo que, aunque
interesante, supone un trabajo muy específico sobre el Naturalismo, y el
“método científico” de escritura que postula Zola, el que se escapa al
planteamiento y a los objetivos de éste estudio.
The Wire y su contexto de
producción
La serie se estructura, como ya
hemos dicho, en cinco temporadas, claramente diferenciadas entre sí, ya que,
aunque comparten la ciudad, y los personajes con más protagonismo no dejan de
aparecer, cada una se centra en un aspecto concreto de la sociedad civil. La
primera temporada se desarrolla entorno a los barrios de viviendas sociales de
Baltimore Oeste y se ocupa del tráfico de drogas y de la lucha policial contra
él (más bien de la ineficacia de la llamada Guerra contra las drogas).
Trata de
gánsteres que no actúan como suponemos que lo harían, debido a la imagen que ha
trasmitido históricamente el género policiaco. No son sociópatas, al menos en
su mayoría, sino hombres preocupados y responsabilizados de su negocio. Y de un
cuerpo de policía que no hace lo que se supone que debería, anteponiendo
presiones políticas e intereses económicos a su trabajo. El jefe de las calles es Avon Barksdale, un
joven traficante que ha llegado a controlar la totalidad el mercado del Oeste
de la ciudad a través de una cruenta guerra por las esquinas. Es un líder sereno
y consecuente que impone normas férreas sobre dónde hablar de negocios
ilegales, inventa códigos para comunicarse y, en vez de exhibir su dinero, lo
invierte en inmuebles y en sociedades.
Como
contrapunto, tenemos a McNulty, un policía del Departamento de Homicidios,
alcohólico, autodestructivo, separado, con tanta habilidad para resolver casos
como para enfadar a sus jefes, que ve como los intereses personales de sus
superiores o las presiones políticas impiden que se persiga a los traficantes
de manera efectiva, en este caso realizando una escucha a largo plazo, aunque
sus superiores sólo pidan redadas y “droga sobre la mesa”[1] para
que las estadísticas sean positivas y los medios de comunicación tengan
material para vender al ciudadano la historia de lo duro que lucha el cuerpo de
policía contra la lacra de la droga.
Además de a
McNulty, en todas las temporadas seguimos las andanzas de un grupo de policías,
(desde el grupo de Crímenes Mayores a los detectives del departamento de
Homicidios, pasando el Comisionado y los altos cargos) a través de los cuales
se muestra la ineficiencia del sistema de organización del departamento.
Además, cada una de las temporadas cuenta con un tema particular en el que se
centra, aunque todos, el puerto, el ayuntamiento, la escuela y el periódico,
terminan entroncando junto con la policía en una misma situación social,
mostrando como es una misma realidad en los lugares donde se sustenta nuestro
sistema social.
La segunda
temporada aporta la trama de los trabajadores del puerto de Baltimore,
centrándose en el tráfico ilegal de mercancías y en el sindicato de
estibadores, cuyos trabajadores están agobiados por las deudas, con el descenso
en el número de barcos que llegan al puerto, y haciendo tratos con las mafias
que trasladan mercancías ilegales (incluyendo la droga para los traficantes de
la primera temporada) a las que recurren para tener poder financiero. En
palabras de David Simon, esta temporada “era un estudio sobre la muerte del
trabajo y la traición a la clase obrera” (Rafael Álvarez, 2013, p. 10)
La tercera
entrega de The Wire se centra en la
política, y de la mano del concejal, luego alcalde, Thomas Carcetti, vemos los
problemas y las incongruencias del sistema y, sobre todo, vemos los intereses
que mantienen dichos problemas y dichas incongruencias inamovibles. Se podría
asegurar que el tema central de ésta temporada es la imposibilidad de hacer
cambios. Asistimos al ascenso a alcalde del entusiasta y ambicioso concejal,
que gana las elecciones denunciando modos de actuación del gobierno del alcalde
Royce que, cuando ya es alcalde, él no puede cambiar. Además del proyecto
Hamsterdam, llevado a cabo por un policía, el Mayor Colvin, sin el
consentimiento ni el conocimiento de sus superiores, consistente en crear una
zona de legalidad donde los traficantes podían vender la droga sin miedo a ser
detenidos a cambio de terminar con la violencia, concentrando así todo el
tráfico de drogas en una zona determinada y librando al resto de las esquinas
del barrio del narcotráfico.
La cuarta
temporada regresa a los barrios bajos de Baltimore Oeste, pero ahora con los
niños, para centrarse en el sistema educativo público, con sus estadísticas
falseadas para mantener las ayudas económicas y con niños, empujados al fracaso
por el propio sistema, que al final de la serie ya se nos muestran como jóvenes
que han dejado la escuela y que encuentran su sitio en las esquinas vendiendo
droga, o consumiéndola. Salvo el redimido Damond, ésta temporada nos muestra
como un grupo de jóvenes inocentes ven su destino marcado por la sociedad que
les rodea.
La quinta y
última temporada se centra en el que fuera lugar de trabajo de David Simon
durante quince años, la redacción del Baltimore
Sun. A través de un periodista de la vieja escuela, Gus, nos introducimos
en un medio de comunicación donde los recortes de personal y el interés de los
altos cargos por historias sensacionalistas, han mermado la calidad de la
información. A través de la redacción del periódico observamos la vida de los
personajes de las temporadas anteriores y las relaciones entre todos ellos,
conformando un todo en el que la realidad social se revela desde todos los
puntos de vista, desde el despacho del alcalde hasta una esquina en los barrios
bajos, mostrando cómo los intereses personales, empresariales o económicos
provocan decisiones y situaciones que entorpecen la eficiencia del sistema.
Argumentalmente,
The Wire se caracteriza por el gran
número de personajes, cada uno con su historia, que se dan cita en la serie con
la ciudad de Baltimore como telón de fondo. Como en las novelas realistas, se
busca pluralidad de puntos de vista, para dar al lector/espectador una visión
global.
Entre los
personajes de la serie encontramos todos los estratos de la sociedad, todos los
puntos de vista. En el Departamento de Homicidios, además del mencionado
McNulty, encontramos a su compañero Bunk y a todo el grupo de detectives de
homicidios, además de su sargento, Landsman, el subdirector de operaciones
Rawls y el comisario Burrell, hasta llegar al alcalde Royes. Mientras que en la
Unidad de Crímenes Mayores, dirigida por el Teniente Cedric Daniels, conocemos
a unos personajes a los que seguiremos por los entresijos del Departamento de
Policía en las siguientes temporadas, Carver, Herc, Greggs, Sydnor y, sobre
todo, Lester Freamon.
En la calle,
bajo el mando de Avon Barksdale se encuentran, desde su segundo, Stringer Bell,
hasta los jóvenes que venden en el foso,
Wallace, Bodie o Poot, pasando desde el más alto al más bajo escalafón de la
organización a través de mandos intermedios y soldados. Con ellos conviven los
drogadictos, entre los que destaca el soplón Bubbles.
En el puerto, el
líder del sindicato de estibadores, Frank Sobotka, gestiona una cuadrilla de
hombres entre los que se encuentran, entre un amplio muestrario de
trabajadores, su hijo Ziggy o su sobrino Nick.
En los pasillos
del Ayuntamiento, los sucesivos alcaldes conviven con el policía Herc,
antiguamente destinado en la unidad de Crímenes Mayores y que posteriormente
trabajará con el abogado Levy, estrecho colaborador de narcotraficantes y
políticos corruptos; o diferentes senadores, desde el corrupto Clay Davis al
comprometido Watlkins, concejales, asesores, y todo el entramado de
funcionarios que influyen en la toma de decisiones, además de los juzgados,
donde Rhonda Perlman o el juez Phelan juegan su papel en el trascurso de los
acontecimientos.
Cada temporada
mantiene gran parte de los personajes anteriores y, además, amplía el campo de
visión a un aspecto nuevo de la sociedad, así, en la quinta temporada, la serie
se convierte en un muestrario general de toda la sociedad de Baltimore,
añadiendo un amplio abanico de periodistas, desde el mencionado Gus Hainsteins hasta
los editores del periódico, pasando por el reportero Scott Templeton, que se
inventa historias para sus artículos, llegando hasta límites insospechados, o
la novata reportera de homicidios Alma Rodríguez.
Mención aparte
merece el personaje de Omar Little, presente durante toda la serie y encumbrado
por muchos como su gran estrella. Un ladrón extremadamente violento, temido por
todos, pero al mismo tiempo, una persona con principios: sólo roba a los
traficantes y se muestra bondadoso y comprensivo con los pobres. Homosexual,
colabora con la policía para condenar a Bird, un asesino de la órbita de Avon
Barksdale, que había matado al testigo del juicio contra D´Angelo en el primer
capítulo, porque le parece repulsivo que se asesine a una persona que no está
en el juego, un civil. Es tan
memorable como reveladora de la filosofía de The Wire la escena del juicio contra Bird, cuando el citado abogado
de Barksdale, Maurice Levy, le acusa de amoral:
Levy: Usted se está nutriendo de la
violencia y la desesperación del comercio de las drogas, usted le está robando
a aquellos que le están robando el alma a nuestra ciudad, usted es un parásito
que chupa la sangre de la cultura de las drogas…
Omar: Exactamente como usted, amigo.
Levy: ¿Perdone? ¿Qué?
Omar: Yo tengo la escopeta, usted
tiene el maletín. Estamos todos en el juego. [Episodio 2.6]
En palabras de
Nick Hornby, en una entrevista que le realizó a David Simon, publicada en el
libro The Wire. Diez dosis de la mejor
serie de la televisión, (David Simon y otros autores, 2010): “David Simón y
su equipo de guionistas (George Pelecanos, Richard Price y Dennis Lehane) se
lanzaban en picado desde lo más alto hasta lo más bajo, desde el despacho del
señor alcalde hasta la esquina de cualquier calle —y los camellos de las
esquinas aparecían tratados con una empatía y una compasión como se ha podido
ver pocas veces—” (Simon, 2010: 28)
Rodada en
escenarios reales y, conforme avanzaba la serie, con cada vez más actores
amateurs, residentes del propio Baltimore, que poco menos que se interpretaban
a sí mismos, la intención de hacer una serie de ficción lo más realista posible
es una constante que encontramos en todos los aspectos de The Wire. Como reconoció el propio Simon en la misma entrevista con
Nick Horby: “Siempre que podíamos recurríamos a ciudadanos de Baltimore para
los papeles secundarios o de apoyo. Cuando unos actores profesionales
interactúan con gente real, el mundo que estamos describiendo parece más
improbable e idiosincrásico y, por tanto, más creíble” (Simon, 2010: 34).
Muy
significativo es el caso de Felicia Pearson, que actúa, con su propio
sobrenombre “Snoop”, de manera muy activa en las tres últimas temporadas de la
serie (hasta 2008) interpretando a una lugarteniente, traficante y ejecutora,
de un nuevo capo del narcotráfico, Marlo Standfield, y que tres años después,
en 2011, fue arrestada y condenada por tráfico de heroína. Otro ejemplo es el
del teniente Jay Landsman (interpretado por Delaney Williams) que fue el
teniente de Ed Burns en su etapa como detective de homicidios y conserva
también su nombre en la ficción[2].
La utilización
de personajes de la calle y actores amateur tiene un precedente importante en
el género audiovisual, concretamente en el Neorrealismo italiano. Ladrón de bicicletas, de Vittorio De
Sica, fue la primera película en hacerlo en un contexto de ficción con gran
éxito crítico. En la televisión, American
Family, un reality de los 70, fue pionero en poner a personajes y sus vidas
cotidianas delante de la cámara. The Wire,
en parte, sigue en la estela de estos dos ejemplos.
Y es que, como
en el caso de Jay Landsman, según David Simon, “la mayor parte de los
personajes importantes, por no decir todos ellos, tiene su correspondiente en
algún individuo de Baltimore que conocemos, o que conocimos” (Simon, 2010: 34)
Además, en su
afán de encontrar verosimilitud, los responsables de The Wire rechazaron cualquier actor muy famoso y se afanaron por
encontrar actores que no fueran muy conocidos, por lo que se decidieron por
actores habituales de la Costa Este, fuera de los círculos de Los Ángeles,
centro cinematográfico del país, (como Clarke Peters[3], interpretando
al detective Lester Freamon) o británicos (como Dominic West, en el papel
protagonista de McNulty, Idris Elba, que da vida a Stringer Bell o el irlandés Aidan
Gillen, que interpreta magistralmente a Tommy Carcetti)
Antecedentes de Simon y Burns
Comentando sus trece años como
periodista de homicidios en una entrevista en El País con Carmen Pérez-Lanzac en mayo de 2010, David Simon
aseguró que “el trabajo consistía en llamar a la policía: ¿qué ha sucedido?
¿Quién es la víctima? La mayoría ascendía antes de preguntarse por qué, lo
gracioso en mi caso es que nunca ascendí” (Pérez-Lanzac, 2010). Así, comenzó a
preguntarse ¿por qué? Y en su afán por encontrar la respuesta, a la edad de 28
años, pidió permiso para integrarse en el departamento de homicidios de la
Policía de Baltimore. El comisario jefe se lo dio y Simón comenzó a compartir
la jornada con los detectives de homicidios, entre los que se encontraba Ed
Burns.
De esa
experiencia nació Homicide: A Year on the
Killing Streets (Homicidio. Un año en
las calles de la muerte) 1993, un libro-reportaje de no ficción en el que
Simon recogió el día a día de la brigada de homicidios de Baltimore y actualizó
su modo de escritura, dejando a un lado al lector medio al que se tenían que
dirigir sus artículos en el Baltimore Sun,
para dirigirse directamente, también con su lenguaje, a la gente de la que
hablaba en el libro.
Simón asegura
que, en ese momento, se dio cuenta de que “el libro o el material filmado sería
un fracaso si la gente de esos mundillos, tras leer/ver el relato, sentía que
yo no había logrado captar su mundo de una manera respetable. Si escribes algo
lo suficientemente creíble para que el que está dentro te crea, entonces el que
está fuera también te creerá” (Simon, 2010: 37) Se trata de una experiencia de
la que luego se sirvió en The Wire,
como demuestra el hecho de que la mayoría de los personajes estén inspirados en
personas reales que conoció en esta época.
Años después, Ed
Burns había decidido, según Simon “tras cabrear a muchos de sus superiores, al
estilo McNulty, con sus ambiciosas investigaciones” (Rafael Álvarez, 2013: 13)
abandonar un cuerpo de policía en el que cada vez se sentía más inútil (como
soldado de la llamada guerra contra las drogas, en la que “la policía ganaba
cada batalla y, sin embargo, seguían perdiendo la guerra” (Rafael Álvarez, 2013:
13)) y ganarse la vida como profesor de la escuela pública. En cambio, su amigo
David Simon le propuso retrasar el inicio de su carrera como educador y
adentrarse juntos en “uno de los más o menos cien mercados al aire libre de
drogas que tenía Baltimore, conocer a la gente que había allí y escribir un libro sobre la cultura de las
drogas que había consumido gran parte de la ciudad” (Rafael Álvarez, 2013: 13)
Eligieron la
esquina entre las calles Monroe y Fayette, en Baltimore Oeste, y anduvieron
“conociendo a la gente que había en ella durante 1993 y los tres años
siguientes” (Rafael Álvarez, 2013: 13), hasta que se publicó The Corner (La Esquina) en 1997.
The Corner, firmado
conjuntamente por Simon y Burns, es un claro precursor de The Wire, ya que, aunque se centra en una sola familia intentando
sobrevivir en Baltimore Oeste, es parte de un todo que Simon desarrollará en
toda su amplitud en su siguiente proyecto.
En el momento de
publicación de The Corner, David
Simon, cada vez con más problemas con los intereses y prioridades que movían a
los nuevos propietarios del Baltimore Sun,
que demostraron que “podían ganar más dinero haciendo un periódico mediocre que
uno bueno” (Rafael Álvarez, 2013: 9), aceptó un despido incentivado con 35 años
y se incorporó al equipo de producción, capitaneado por Tom Fontana y Barry
Levinson que estaba dirigiendo la adaptación su primer libro, Homicidio, a la televisión, llevada a
cabo por la NBC y que se prolongó durante siete temporadas, participando Simon,
cada vez con más peso, desde la cuarta hasta su conclusión.
Homicidio era un producto diferente a The Corner y The Wire, el libro es una recopilación de artículos escritos por
Simon, no una historia ficcionada, por lo que la serie, además desarrollada en
una network[4],
siguió bastante fielmente el esquema de asesinato resuelto por episodio, aunque
también se da un principio del realismo que luego desarrollará The Wire.
En esa época,
Simon se formó como guionista y productor, completando, con el paso de los
capítulos, su metamorfosis de periodista a ficcionador televisivo. En sus
propias palabras: “Tom (Fontana) afeitó el estilo de mi prosa hasta que el ritmo
y el diálogo empezaron a echar músculo. Entonces empezó a darme poco a poco
responsabilidades nuevas” (Rafael Álvarez, 2013: 14) Este aumento de
responsabilidades osciló entre los primeros trabajos de Simon en Homicidio como guionista de dos capítulos
en la cuarta temporada[5],
hasta escribir y aportar la historia en los capítulos 15 y 18 de la séptima
temporada.
Al año de
terminar en la NBC con Homicidio, y
con Tom Fontana inmerso en el proyecto de HBO Oz, el canal de televisión por cable se decidió a adaptar The Corner, ya con Simon y Burns como
cabezas visibles del proyecto, además de con Bobby Colesberry, que se entendió
tan bien con los guionistas que, hasta su muerte en febrero de 2004 (antes del
comienzo de la tercera temporada de The Wire)
fue uno de los hombres fuertes del equipo en sendos proyectos.
En este primer
trabajo de Simon y Burns en la televisión vemos algunas claves que lo será en The Wire. La más importante,
probablemente, es el afán de verosimilitud, la necesidad casi obsesiva de los
creadores por demostrarle al espectador que lo que está viendo es real. Basta
con decir que cada uno de los capítulos comienza y termina con una entrevista a
uno de los protagonistas ficcionales, reproduciendo las escenas que los propios
Simon y Burns vivieron en primera persona para documentarse.
The Corner es una miniserie de ficción
dramática de seis capítulos de duración, emitidos en el canal HBO entre abril y
mayo del año 2000. Basada en el libro homónimo de Burns y Simon, éste, junto a
David Mills, firman los seis episodios, dirigidos por Charles S. Dutton. En la
producción, además de los ya citados Colesberry, Mills y Simon, participó Nina
Kostroff Noble. A pesar de no ser un gran éxito de audiencia, The Corner consiguió cuatro nominaciones
para los premios Emmy, en las categorías de Mejor reparto de miniserie,
película y especial, Mejor Dirección en miniserie, película o especial (Charles
S. Dutton) Mejor Guión de miniserie o película (David Simon y David Mills) y
Mejor miniserie, consiguiendo llevarse el galardón en las tres últimas
categorías. Además, consiguió otros prestigiosos premios como el Peabody en
2001.
Con un tono más
melodramático del que luego tendrá The Wire,
The Corner supone un precedente claro
en la forma de acercarse a una parte de la sociedad de la que el resto de la
televisión huye cuando busca un protagonista y de la que da una imagen
estereotipada cuando recurre a ella como secundaria. Aunque The Corner también tiene una diferencia
sustancial con The Wire, ya que es
una obra de no-ficción, que cuenta la historia de personas reales, con nombres
y apellidos[6]
Guionistas adicionales
Además de Ed Burns y David Simon, el
equipo de The Wire contó con una
serie de guionistas que aportaron experiencia y conocimientos en pos del
realismo que intenta transmitir, además de calidad literaria.
Entre ellos
destaca George Pelecanos, uno de los guionistas más aclamados de la serie (fue
nominado a un Emmy por el guión del episodio 12, y último, de la tercera
temporada, llamado Mission Accomplished)
Se ganó la vida con variopintos trabajos antes de convertirse en escritor de
novelas policiacas, de la mano de su personaje, el detective Nick Stefanos en
los 90 (A Firing Offense, 1992. Nick's Trip,
1993 o Down by the River Where the Dead
Men Go, 1995), y más tarde con la pareja Derek Strange y Terry Quinn como
protagonistas (Right as Rain, 2001. Hell to Pay, 2002. Soul Circus, 2003 o Hard
Revolution, 2004) O con The Night
Gardener (2004) con las que se ganó un puesto entre los mejores novelistas
contemporáneos del género. A pesar del reparo con que los escritores de
Baltimore (incluido Simon, aunque hubiera nacido en la capital nacional y se
hubiera criado en los mismos barrios que Pelecanos) miran todo lo que tiene que
ver con Washington, el novelista americano de origen griego cautivó a David
Simon con sus historias, en las que retrata un mundo que, aunque utilizando Washington
DC como trasfondo, en vez de Baltimore; era el complemento perfecto para Simon
y Burns.
Otros dos
novelistas, como poco tan destacados en el género negro como Pelecanos, Richard
Price (The Wanderers, 1974. Clockers, 1992) y Dennis Lehane (Mystic River, 2001), también se unieron
al equipo a partir de la tercera temporada. Formando un grupo de escritores
“sobre ciudades de segunda fila de las zonas industriales deprimidas de la
Costa Este” (Simon, 2010: 30), con experiencia y con conocimientos como para
reflejar la realidad en la ficción.
En palabras de
Simon: “Richard Price pasó horas y horas, por no decir días y días, en los arrabales
de Jersey City para encontrar allí sus voces perdidas y trágicas, mientras que
Dennis Lehane, de Boston, plasmaba en sus páginas las penalidades y el hambre
de los barrios proletarios y broncos de Charlestown y Dorchester” (Rafael
Álvarez, 2013: 9).
Para el equipo
que había trabajado en las dos primeras temporadas, la incorporación de dos
escritores del talento de Price y Lehane fue todo un acontecimiento, y es que,
según Simon, “eran maestros de una clase de ficción criminal que desde hacía
tiempo tornaba insignificantes las presuntas fronteras del género” (Rafael
Álvarez, 2013: 26) Especialmente idónea fue la incorporación de Price, ya que,
siguiendo las palabras de Simon, “cualquiera que haya leído Clockers (Camellos), comprenderá la gran deuda que The Wire tiene contraída con este libro extraordinario. El punto de
vista escindido que propulsa a The Wire
es una forma atinadamente utilizada por la novela moderna; y, en su primer
libro sobre Dempsey, Price había demostrado con creces la cantidad de matices,
verdades e historias que pueden interponerse entre los policías, de un lado, y
los perseguidos por ellos, del otro” (Rafael Álvarez, 2013: 26).
Los otros dos
guionistas que más trascendencia tuvieron en The Wire fueron dos ex del Baltimore Sun, compañeros de Simon, como
Rafael Álvarez y Bill Zorzi.
El primero de ellos, Álvarez,
además de haber trabajado con Simon en el periodismo y ser autor del libro The Wire. Truth Be Told (The Wire. Toda la verdad) 2013, también
colaboró en la adaptación televisiva de The
Corner (2000), además de haber pasado una época como mozo marinero en un
buque, en la marina mercante y en el sindicato de marineros. Esto, unido a que
tres generaciones de su familia se habían ganado la vida en la industria naval
y que su padre había sido remolcador en el puerto de Baltimore, dio a Álvarez
una experiencia con la que aportó mucho, sobre todo, en la segunda temporada,
centrada en el puerto y en el sindicato de estibadores de Baltimore.
Por su parte,
Bill Zorzi había pasado veinte años ocupándose de la sección de política en el
Baltimore Sun, un conocimiento de los entresijos de ese mundo que plasmó en la
cuarta temporada de la serie, centrada en la infraestructura política de la
ciudad.
Lo que buscan
Burns y Simon con la aportación de todos éstos guionistas es: un interés en
explorar la sociedad invisible de la clase media; el recurso constante a la
documentación y la experiencia de esta realidad (un énfasis
periodístico-documental); y un interés en la ficción: de ahí que recluten para
el proyecto a Price y Lehane, narradores muy reputados y de éxito comercial.
Hay, por tanto, un cruce de ficción con realidad que, por otra parte, define
gran parte del Realismo—y Naturalismo—decimonónico: Flaubert leyendo manuales
médicos para poder describir la intoxicación de Bovary y Jack London viviendo
como un mendigo en Londres para poder escribir People of the Abyss, y utilizando su experiencia como vagabundo
para escribir The Road. (Ambas de
alrededor de 1900).
HBO
Aunque son innegables los precedentes,
la novedosa propuesta de exacerbación realista que suponía The Wire respecto al panorama televisivo
de principios de los 2000, sólo pudo llevarse a cabo gracias a la existencia de
un canal televisivo en el que desarrollarse libremente y con confianza, ese fue
HBO.
La Home box
office[7]
fue fundada en 1972 y “fue el primer canal nacional por cable de Estados Unidos
y la primera televisión que usó el satélite geoestacionario SATCOM1 para la transmisión
regular de programación, una práctica rápidamente imitada por el resto de
cadenas” (Cascarosa Virino, 2005: 101). En el inicio de los años 80, el canal
adoptó la política de ofrecer contenidos exclusivos y potenciar la producción
propia, emitiendo su primer telefilme en 1981, The Terry Fox Story, y potenciando el género junto a las
miniseries. La intención de la cadena era “buscar temas controvertidos que no
dejaran al público indiferente” con unos elevados presupuestos de producción y
un personal de gran competencia técnica, creando así una imagen de marca que
aún hoy perdura (Carrascosa Virino, 2005: 103) No hay que esconder que a ello
ha ayudado la libertad del cable frente a las cadenas en abierto, con las
restricciones de sexo y violencia que eso conlleva, tan presentes en la
historia de la HBO.
A partir de
finales de los 90, el canal potenció mucho las miniseries (sobre todo en
calidad) emitiendo, por ejemplo, From the
Earth to the Moon (De la tierra a la
luna) 1998, o la celebrada Band of
brothers (Hermanos de Sangre)
2001. Además, por supuesto, del primer trabajo de David Simon con HBO, The Corner (2000)
En cuanto a las
series dramáticas, la primera etapa del canal se caracterizó por “programas con
historias de suspense que permitían la inclusión de sexo y violencia con
facilidad” (Carrascosa Virino, 2005: 104). Su primera serie dramática con
personajes continuos fue Oz,
1997-2003, con Tom Fontana y Barry Levinson a la cabeza (con los que trabajó y
de los que aprendió David Simon en Homicidio).
Protagonizada por criminales en una prisión, es representativa de la actitud
que tenía el canal respecto a ese y a sus futuros proyectos, como The Wire, no despreciando ningún mundo
en el que ambientar sus series, por muy oscuro que parezca. Es representativa
la anécdota de que, cuando Fontana presentó su idea a Chris Albertch,
presidente del canal, le advirtió de que sus protagonistas no iban a crear
simpatías entre el público, a lo que el máximo dirigente de HBO contestó: “No
me importa que no caigan bien mientras sean interesantes” (Carrascosa Virino,
2005: 105).
HBO supo que
había dado con la clave del éxito poco después, a partir de 1999, con The Sopranos (Los Soprano) 1999-2007, serie protagonizada por un mafioso de Nueva
Jersey, creada por David Chase, que alcanzó el mayor éxito de la historia de la
televisión por cable americana. Chase, un estudioso de la mafia, de ascendencia
italiana[8], con
una madre desequilibrada, empieza a plasmar en una serie ciertas dosis de
realismo en base a su experiencia vital, elemento fundamental en la creación en
The Wire.
Otro ejemplo
previo a The Wire que ilustra la
ambición de HBO por mostrar lo que hasta ellos nadie había mostrado en
televisión es la producción de Six feet
under (A dos metros bajo tierra)
2001-2005. Un drama sobre la concepción de la muerte en la cultura americana
con el telón de fondo de una familia que regenta una funeraria y en la que uno
de sus miembros es homosexual. Dejando a un lado la violencia y el sexo, HBO
acomete aquí un nuevo reto de cuya experiencia también se aprovechará The Wire, abordar otra serie de temas
que tampoco utilizaban las networks, en este caso la muerte, un tema
absolutamente tabú en la televisión, no por la censura sino por la publicidad.
“Ya en los años 50 las agencias de publicidad lograron acabar con las
antologías dramáticas porque no ayudaban a vender la idea de que los productos
de consumo proporcionaban la felicidad y desde entonces [...] la muerte, la
vejez y la enfermedad han sido temas desagradables para la ficción televisiva” (Carrascosa
Virino, 2005: 111) Del mismo modo que después The Wire afrontará temas que se podrían calificar como
desagradables, sobre todo desde el punto de vista de una sociedad dominada por
los mercados cuyo objetivo es vender cada vez más.
Tras la
adaptación de The Corner (2000), el
canal no accedió de primeras a realizar el nuevo proyecto que les presentaba
David Simon. Las dudas del canal residían, en palabras del propio Simon, en que
“si las otras cadenas de televisión ya hacían series de policías, ¿por qué iban
ellos a hacer otra? La pesadilla que temían era que todos los críticos del país
declararan finalmente que aquello no era, de hecho, la HBO, sino simplemente
una televisión más” (En referencia al eslogan que ha venido utilizando el
canal, desde 1996 hasta 2009: It's Not
TV. It's HBO, (No es televisión. Es HBO)) (Rafael Álvarez, 2013: 16)
David Simon les
vendió el proyecto como el siguiente paso en la evolución natural del canal. Si
bien habían vivido un tiempo de ambientar sus series en espacios a los que no
podía llegar la televisión en abierto, en opinión de Simon, ese campo ya estaba
agotado y ahora HBO tenía que dar el siguiente paso, esto es, realizar una
serie diferente, con el distinguible sello HBO, pero en un marco típico de las
series de las networks. Y qué mejor que una serie de policías.
Con eso y con la
entrega del guión de varios capítulos por adelantado, según Simon para
demostrarles que “el ritmo, arco narrativo e intenciones de esta serie eran
decididamente distintas a cualquier cosa que hubiera en televisión” (Rafael Álvarez,
2013: 16-17), y más de un año después, HBO accedió a grabar el piloto y, tras
una nueva serie de reuniones, en las que se dio cita, de nuevo, casi todo el
equipo de The Corner, más algunas
incorporaciones, The Wire arrancó,
manteniendo así a HBO en la vanguardia de la ficción televisiva.
Teorías del
Realismo Literario
El Realismo se ha presentado de muy
diversas formas en la historia de la literatura, desde que los antiguos
clásicos hablaran de Mímesis, hasta la actualidad, cuando seguimos hablando de
Realismo, pasando por el movimiento literario decimonónico conocido por ese
nombre. Así, el Realismo está presente en toda manifestación artística, por lo
que, antes de nada, hay que hacer una serie de aclaraciones previas.
Lo primero que se
debe hacer es aclarar la ambigüedad entorno al término Realismo. Siguiendo a
Darío Villanueva, en su libro Teorías del
Realismo Literario (1992) distinguimos tres facetas principales de un mismo
término: El Realismo. Por un lado, se llama Realismo al movimiento literario
decimonónico, que es el que nos interesa para este estudio y del que
intentaremos extrapolar sus características principales. Pero también es
importante, y de manera previa, señalar que, a la vez, también recibe dicho
nombre, en un uso más genérico, la representación de la realidad como constante
en toda manifestación artística, también en la literatura, a lo largo de la
historia. Esto es, toda obra usa como punto, o como contrapunto, la realidad,
desde la obra más fantástica hasta la obra más realista, ambas están inspiradas
en la realidad, bien para imitarla o bien para distanciarse de ella. Desde la
obra más lejana a la realidad, hasta la obra más cercana a la realidad, están
cerca o lejos de una realidad que usamos como referencia. Por último, tenemos
el planteamiento teórico realista de la literatura, que dice que la literatura
se estructura mediante la palabra, teniendo ésta un referente real. Así, su
capacidad de significar se fundamenta en que se refieren a algo real, por lo
que, por definición, toda literatura es realista. (Villanueva, 1992: 16-27) De
esta manera, y relacionándolo con lo que los antiguos llamaban Mímesis: La
representación de la realidad en la literatura, toda la literatura está
relacionada, de una manera u otra, con la realidad, por lo que toda la
producción literaria es, utilizando el término en éste aspecto, realista.
Realismo Genético-Realismo Moderno
En cuanto al primer tipo de
realismo expuesto, el que nos interesa, Darío Villanueva viene a llamarlo
Realismo Genético (Villanueva, 1992: 31) Mientras que Erich Auerbach, el otro
autor que seguiremos con más fidelidad, en su libro Mimesis (1942) lo llama Realismo Moderno.
Es el realismo
basado en un principio de correspondencia trasparente entre los fenómenos externos
y el texto literario (Frye, 1976: 798). Una de sus características sería el
afán por copiar la naturaleza tal y como es, todo lo fía a la existencia de una
realidad unívoca anterior al texto ante la que sitúa la conciencia perceptiva
del autor, escudriñadora de todos sus entresijos mediante una demorada y eficaz
observación. Ello dará como resultado una reproducción veraz de aquel
referente. Así, se distinguen dos factores fundamentales para producción de una
obra realista, la naturaleza y el sujeto que la aprehende (Villanueva, 1992:
32-33)
El ruso
Grigorevich Belinsky abogaba en 1835 por una literatura realista en el sentido
de verdadera, no creadora, sino reproductora de la vida tal y cual es (Becker,
1963: 41-43) Para Champfleury, el Realismo se basa en la “sinceridad” del
artista, su fidelidad a la realidad observada (Villanueva, 1992: 35) Erich
Auerbach, por su parte, habla de Realismo Moderno para referirse a los
novelistas decimonónicos, para él, el Realismo es “la representación seria de
la realidad social corriente de la época, basada en el movimiento histórico ininterrumpido”
(Auerbach, 1942: 486) Y destaca dos signos característicos de éste Realismo:
Primero, “se toman muy en serio episodios reales y corrientes de una clase
inferior, de la pequeña burguesía de provincia”. Y segundo, “los episodios
corrientes son engarzados exacta y profundamente en una determinada época
histórico-contemporánea”
En el capítulo La mansión de La Mole, dedicado a Le rouge et le noir (1830) de Stendhal,
asegura que “los caracteres, las actitudes y las relaciones de los personajes
están estrechísimamente ligados a las circunstancias históricas de la época.
Sus condiciones políticas y sociales se hallan entretejidas en la acción de una
forma muy real y exacta” (Auerbach, 1942: 426-429) Antes de la llegada de
Stendhal al Realismo Social vemos cómo, en la obra que analiza Auerbach, su
realismo se caracteriza por acercarse a gente de clase baja, aunque no
encontramos una radiografía de la clase baja como un todo, sino que se centra
en la vida de un personaje de clase baja, en este caso Julián Sorel, en medio
de la alta sociedad. Se puede considerar como un primer paso. Además, es muy
importante en la obra la ambientación histórico-social, que condiciona la vida
del protagonista. Como dice Auerbach más adelante, hablando sobre el Realismo Social
al que se mueve Stendhal, “se ocupa en sus obras de la realidad con la que se
tropieza. Todas las figuras y todos los episodios descansan en su obra sobre un
fondo político y social móvil. Describe con la mayor precisión la estructura
singular de cada ambiente” (Auerbach, 1942: 432)
Erich Auerbach
continúa su recorrido por lo que él llama Realismo Moderno analizando a Balzac,
del que dice que “toma como tarea propia la representación de la vida de su
tiempo”. Destaca, de su novela Le père
Goriot (1834), la descripción “muy exacta” de Madame Vauquer, así como del
barrio y de la casa, lo que se trasmite “una impresión intensa de
descorazonadora pobreza, desgaste y ranciedad”, habla de que Balzac representa
la realidad “con todo lo corriente, práctico y feo” (Auerbach, 1942: 441) Ésta
presencia de lo no bello, casi de lo escatológico, se verá más pronunciada en
otros autores posteriores, como Zola, del que hablaremos próximamente, pero no hay
que verlo como un deseo de llenar de morbosidad las obras, sino como una
necesidad de expresar la realidad tal como es en su totalidad, incluyendo los
elementos que, mediante el sentido común, reconocemos como elementos
desagradables, o no atrayentes. Esto también entronca con la opinión de los
hermanos Goncourt, de los que también hablaremos en las próximas líneas.
Estas primeras
características definidas por Auerbach sobre los realistas decimonónicos ya nos
van mostrando una serie de actitudes que se asemejan mucho con The Wire, sobre todo en el sentido de la
descripción total del ambiente y en el de centrarse en los aspectos más
desfavorecidos de la sociedad.
Aun refiriéndose
a Balzac, Auerbach asegura que se prodiga en la ambientación exhaustiva de sus
personajes, no sólo en su espacio concreto sino en un todo social, en sus
palabras: “La situación histórica general de la época aparece como una
atmósfera total que empapa todos los espacios vitales particulares”. Así como
que trata de igual manera a los caracteres expuestos, independientemente del
estrato social al que pertenezcan: “La representación de personajes de todos
los estratos sociales se produce con el mismo rigor y la misma seriedad”
(Auerbach, 1942: 445-446) Como expondremos en el siguiente capítulo, estas dos
características entroncan directamente con la filosofía de The Wire.
Respecto a la
inspiración de los realistas, Auerbach cree que “la creación no toma sus
materiales de la imaginación sino de la vida real, tal y como se presenta en
cualquier parte” según el autor, desde que se instauró el gusto clásico, nunca
se había visto algo semejante, “no sólo el tratamiento de lo real-cotidiano
había sido muy restringido y plegado a las convenciones, sino que la misma
actitud que se adoptaba frente a ello rehusaba fundamentalmente lo trágico y lo
problemático” (Auerbach, 1942: 452)
Más adelante en
el tiempo, Flaubert realiza una importante aportación al Realismo Moderno de
Auerbach, la eliminación de los comentarios sobre los personajes o los episodios,
presentes en Balzac y Stendhal, así como la eliminación también de la
identificación de autor y personaje en un determinado pensamiento. Flaubert no
se identifica con las opiniones de sus personajes, así como no espera que el
lector se identifique con ellos tampoco. Esto es un adelanto dentro del marco
de la intención de mostrar una visión completa y objetiva de la realidad, sin
importar si el lector va a congeniar o a verse identificado con los
pensamientos o sentimientos de los personajes.
Auerbach define el estilo
flaubertiano como “seriedad objetiva que intenta calar en las profundidades de
las pasiones y de las complicaciones de una vida humana, sin entregarse ella
misma a la emoción” Y es que Flaubert no se fija en un movimiento vital superficial
que es “tan solo ajetreo vacío”, sino que fija su mirada en un movimiento más
imperceptible, general, que abarca a toda la sociedad, la “falta de
perspectivas” de una generación, “representando la realidad de su época con
claridad y responsabilidad”
Así, la base del Realismo Moderno
de Flaubert sería: “El tratamiento grave de la realidad corriente, el ascenso
de grupos humanos amplios y de bajo nivel hasta convertirse en temas de
representación problemático-existenciales. Así como la inclusión de personas y
sucesos cualesquiera y vulgares en el curso global de la historia de la época”
(Auerbach, 1942: 462)
Hay que señalar
que, también siguiendo a Auerbach, el desarrollo del Realismo Moderno en
Inglaterra es igual que en Francia, con unas características muy similares,
pero se da de una manera más paulatina y regulada (Auerbach, 1942: 463)
Erich
Auerbach dedica otro capítulo de su libro Mimesis
(1942) al Realismo, concretamente a Los hermanos Goncourt y a su novela, de
1864, Germinie Lacerteux. En el prólogo
o prefacio de la obra, los hermanos exponen una serie de ideas sobre el Realismo
Decimonónico muy interesantes: Comienzan pidiendo perdón al lector porque “al
público le gustan las novelas falsas: esta es una novela verídica. Le gustan
los libros que parecen marchar con la buena sociedad; este libro viene de la
calle. Le gustan las obritas picarescas, las memorias de jovencitas, las
confesiones de alcoba […] Lo que van a leer es severo y puro. Al público le
gustan también las lecturas anodinas y consoladoras, las aventuras que terminan
bien, las fantasías que no perturban su digestión ni su serenidad: este libro,
con su distracción triste y violenta, es a propósito para contrariar sus
hábitos y perjudicar su higiene”. Más adelante diseccionaremos cómo, si se
cambia lector por espectador, estamos hablando del panorama televisivo en el
que se desarrolla The Wire.
Posteriormente, en el mismo prólogo, a la pregunta de por qué lo escriben, si
no es lo que le gusta al lector, su respuesta es: “Nos hemos preguntado si eso
que se llama las clases bajas no tenía derecho a la novela, si este mundo bajo
otro mundo, el pueblo, debía permanecer sometido a la interdicción literaria y
al desdén de los autores” (Auerbach, 1942: 464-466)
Igualmente, en The Wire se muestra de manera pionera en
el drama ficcionado a las clases bajas con una complejidad y una cercanía que
había faltado en representaciones anteriores, al contrario de la imagen
estereotipada, sujeta a convencionalismos, que se ha dado de ellos en la
historia de la ficción televisiva (por ejemplo, los habitantes de los barrios
marginales, consumidos por las drogas, que son protagonistas en The Wire, aparecen en la gran mayoría de
ficciones televisivas policiacas como delincuentes sociópatas, que delinquen
sin un motivo aparente, más allá de su maldad intrínseca, haciendo de
contrapunto con los protagonistas, héroes del lado de la ley, que
extraordinariamente detienen a los delincuentes, una imagen igualmente
estereotipada que tampoco tiene que ver con la realidad).
En ese mismo
capítulo, Auerbach habla del naturalismo y de su máximo exponente: Émile Zola,
del que dice que, aunque ya se daba en los hermanos Goncourt, es sobre todo en
Zola donde se encuentran con gran recurrencia detalles groseros en las
descripciones o se relatan escenas desagradables, aunque no con el afán de ser
cómico o simplemente escatológico, sino que “todo lo que dice, lo dice con la
mayor seriedad y sentido moral, […] con una objetividad protocolaria”, como ya
hemos mencionado con anterioridad (Auerbach, 1942: 479)
De Zola también
destaca que “es uno de los pocos escritores del siglo que ha creado su obra
basándose en los grandes problemas de la época” equiparándolo, en éste aspecto
concreto, a Balzac (Auerbach, 1942: 481)
Para ello, Zola
describe un mundo de barrios bajos que conoce de manera muy precisa, lo que le
da una ventaja a la hora de representarlo en su literatura, en palabras de
Auerbach: “Zola sabe cómo han pensado y hablado los hombres que describe,
conoce también los detalles de su técnica de trabajo, así como la psicología de
las varias clases de obreros” pero además de los obreros, Zola pretende
“abarcar toda la vida de la época, penetra en la estructura social y en la
técnica” (Auerbach, 1942: 483)
Por último, en
su repaso por lo que él llama Realismo Moderno, y posteriormente Darío
Villanueva llamará Realismo Genético, Erich Auerbach menciona al dramaturgo
noruego Henrik Ibsen, del que dice que produce “dramas sociales tendenciosos,
que se dirigen contra la rigidez y la falta de libertad y de voracidad de la
vida moral en las clases elevadas de la burguesía”. Además, aunque se
circunscriben a Noruega y tratan problemas noruegos, destaca que “son
extensibles a la burguesía centroeuropea en general” (Auerbach, 1942: 487)
Sin embargo,
Ibsen no es el único ejemplo de realismo dramático que encontramos, ya que
también entronca directamente con las características del Realismo Decimonónico,
y el realismo de The Wire, la obra de
Bertold Brecht. Darío Villanueva asegura que con el dramaturgo alemán “volvemos
a los planteamientos naturalistas: una realidad sólida y objetiva, y un
escritor frente a ella, dotado de voluntad mimética y finas virtudes de
observador exhaustivo” (Villanueva, 1992: 55)
Pese a que se
aleja de nuestro tema principal, el Realismo Decimonónico, es interesante
señalar la coincidencia de intenciones entre The Wire y la obra de Brecht, ya que comparten la idea de denunciar
los problemas de una realidad con la que tropiezan en su tiempo. También hay
que decir que la obra de Brecht se aleja del Realismo a causa de su uso tan
recurrente de un lenguaje, tanto visual como verbal, muy simbólico.
Por último, es
importante destacar, dentro del Realismo Genético, la Teoría del Reflejo,
formulada en el seno del Realismo Socialista, un movimiento artístico nacido a
partir de la combinación de la tradición realista rusa del siglo XIX y las teorías
literarias de Karl Marx y Engels, en las que formulan la necesidad de
representar a las clases trabajadoras en la literatura. Su propósito era dar a
conocer los problemas sociales y las experiencias del hombre socialista por
medio del arte, es “el reflejo fiel, por medios artísticos, de un mundo
interpretado ideológicamente a la luz del marxismo” (Villanueva, 1992: 44-50)
Engels asegura que
“el Realismo supone, además de la exactitud de los destalles, la representación
exacta de los caracteres típicos en circunstancias típicas” (K Marx y F Engels,
1954:165) Además, argumenta que es la propia fuerza expresiva, latente de la
realidad observada, la que libra al escritor de “sus propias simpatías de clase
y sus perjuicios políticos” (Villanueva, 1992: 44-45) En este contexto se desarrolla
la Teoría del reflejo.
El Realismo Formal
Para contextualizar las
características hasta aquí dadas del Realismo Genético o Realismo Moderno,
Darío Villanueva lo contrapone al Realismo Formal. En este realismo, que surge
ya en el siglo XIX por mediación de Flaubert, aunque su afianzamiento tendrá
lugar en el contexto de las escuelas formalistas del siglo XX; se considera a
la realidad textual de la propia obra como la única realidad de la que se puede
hablar en un producto literario, la realidad inherente y simultánea a la obra
en sí, esto es, el texto no está capacitado más allá de su propia realidad.
Así, el autor aparece como figura creadora de una realidad paralela, una nueva
naturaleza, una ilusión de realidad y no la copia exacta de una realidad
anterior al texto literario. En palabras de Darío Villanueva: “El Realismo
Formal resulta de una construcción y no de la trasposición cristalina de una
alteridad que le sería preexistente” (Villanueva, 1992: 65)
El Realismo
en The Wire
En su búsqueda de Realismo, The Wire recupera muchos mecanismos del
movimiento literario decimonónico. A pesar de las innegables diferencias entre
el género novelesco y el serial televisivo, encontramos muchos elementos
comunes, y otros adaptados, entre las novelas realistas del siglo XIX y la
serie de ficción estadounidense.
Con lo analizado
en el capítulo anterior, Teorías del Realismo Literario, podemos establecer una
serie de características generales del Realismo Decimonónico, para después
buscarlas en The Wire, serían:
- Conexión con un momento histórico real.
- Transparencia en la narración.
- Retrato de una problemática social.
- Descripción y trato ecuánime de todos los estratos de la sociedad.
- Observación científica: Objetividad y neutralidad.
Para buscar
estos elementos característicos en The
Wire, acudiremos directamente a ejemplos en la serie, concretamente al
primer episodio (1.01) The Target (El
objetivo) en el que ya se nos muestran las claves narrativas y visuales que
marcarán el resto de la serie.
En cuanto al
primer punto, una conexión con un momento histórico digamos "real",
que sirve de telón de fondo y hace que
la serie parezca acontecer en el presente, o
en un momento identificable, hay que decir que The Wire no utiliza ningún gran acontecimiento para situar la
acción a partir de él (como sí hará Simon en Treme[9])
Sin embargo, sí sabemos, por
diversas referencias realizadas por los personajes, que nos encontramos entre
el ataque terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York en septiembre de
2001 (debido a que el FBI ha dejado de dedicar recursos a la lucha contra el
narcotráfico para dedicarlo a contraterrorismo) y el 2 de junio de 2002, fecha
de emisión del primer episodio de The
Wire. Con todo, la serie nos sitúa temporalmente en un determinado espacio
de poco menos de un año, dando además la sensación, por la ausencia ya
mencionada de un hecho destacado que supone un cambio de paradigma, de que
estamos ante un día cualquiera, sin nada de especial, lo que refuerza la
sensación de que los problemas sociales que ya desde el principio denuncia la
serie son intrínsecos al sistema y que han estado ahí desde hace tiempo.
Lo que sí abunda
son elementos que sitúan la serie geográficamente. En la primera escena del
primer episodio, la ya mencionada conversación entre McNulty y el testigo de un
asesinato en la calle (ver páginas 7 y 8), el dialogo nos sitúa físicamente en
alguna ciudad de América, con el famoso “This América Man!” (Episodio 1.01)
para poco después, situarnos en la ciudad de Baltimore, cuando se procede a
leer un veredicto en la corte de la ciudad. Al acabar el juicio, el detective
McNulty habla con el juez Phelan, al que pone al día, junto a todos los
espectadores, de la situación del mercado de la droga de la ciudad y sus
principales figuras, así como de la situación en el Departamento de Policía de
la ciudad, lugar al que se traslada la acción a continuación, para, acto
seguido, encontrarnos con el tercer asesinato en apenas 15 minutos de acción.
Posteriormente pasamos a las calles, donde, con el mismo procedimiento, la
serie nos va situando en los lugares clave de la banda de Barksdale, el bar Orlando´s,
las Torres Franklin y el Foso.
El minucioso
posicionamiento de todos los personajes respecto a la ciudad va a ser una
constante en las cinco temporadas de la serie, pudiendo situar sobre un plano
real de Baltimore numerosas localizaciones reales de la serie.
La segunda
característica que hemos destacado ha sido la transparencia en la narración, la
sensación por parte del espectador de que es testigo de todo lo que se le
enseña. Es muy común en las series de ficción televisiva de la actualidad, además
de en otros muchos contextos artísticos, sobre todo literarios, la omisión de
elementos, bien para dejar un final abierto para que el espectador especule, o
bien para descubrirle al final una solución insospechada para él, ya que le
faltaban elementos para deducirla por sí mismo. Sin embargo, en The Wire no encontramos ninguna de estas
situaciones, ya que su narración es lineal y prácticamente sin omisiones, el
espectador está presente, de forma omnisciente, en todas las reuniones, desde
los chicos de la calle hasta el despacho del alcalde.
Como
ejemplo sirve el mismo primer capítulo al que ya nos hemos referido, en el que
se nos enseña cómo nace el caso Barksdale para la policía, siguiendo la
información desde McNulty al juez, luego de éste al Subdirector de Operaciones
Burrell, quien decide crear una unidad especial para el caso. Sin embargo, acto
seguido nos inmiscuimos en la organización de Barksdale, al igual que con la
policía, desde las reuniones del propio Avon, hasta la venta en el foso, donde los
chicos que comienzan en el negocio dan sus primeros pasos bajo la dirección de
D´Angelo, degradado de su puesto en las Torres, llegando incluso hasta los
drogadictos, representados, en este caso, por Bubbles y Johnny.
Por otra parte, The Wire se sirve de varias técnicas de
filmación para acentuar la sensación de realismo en la narración, para que el
espectador lo perciba como un documental más que como una serie de ficción, de
las que hablaremos próximamente en el apartado de Lenguaje Visual (ver página
52).
El tercer
elemento característico destacado del Realismo Literario es el retrato de un
problema social. En este caso, se trata de mostrar cómo y por qué toman según
qué decisiones las altas esferas de la sociedad y, sobre todo, cómo afectan
éstas a las clases más bajas.
En The Wire encontramos denunciados todos
los grandes problemas de la sociedad estadounidense contemporánea, al menos
desde el punto de vista de sus creadores. La ineficacia de la Guerra contra las
Drogas, la precaria situación de los trabajadores en los sectores más
desfavorecidos, la corrupción política y las presiones económicas, las taras
del sistema educativo y la inoperancia de los medios de comunicación a la hora
de realizar su labor social, son los cinco ejes sobre los que pivota cada una
de las temporadas, retratando así la ciudad en su totalidad con muchos de sus
problemas.
Por seguir
ejemplificándolo con el primer episodio de la serie, aunque serviría cualquier
episodio, diremos que en él se tratan ya todos los grandes temas sobre los que
versarán los diez episodios de la primera entrega. El primero que seguimos es
el de la organización criminal de Barksdale, y en la primera reunión de la
unidad, McNulty ya nos pone en situación, asegurando que el deseo del
Subdirector de Operaciones de “terminar con esto rápida y eficazmente
realizando arrestos callejeros” no servirá de nada. La actitud de los altos
cargos policiales, casi obligados por la presión del juez a abrir éste caso, es
contraria a una vigilancia prolongada, con investigaciones telefónicas y
financieras, y afecta directamente a la productividad y eficiencia de los
policías, mientras que, al mismo tiempo, crea una situación relativamente
cómoda para que prosperen los grupos criminales como el de Barksdale.
Hay dos escenas
clave que representan la problemática con claridad. En la primera, el
Subdirector de Operaciones Burrell, máximo mandatario del Departamento de
Policía, habla con el Teniente Daniels, al que pone al mando del caso
Barksdale:
Burrell: “Arresten traficantes”
Daniels: “Si, Señor”
Burrell: “Sin largas vigilancias, sin
grabaciones Kel, ni registros de llamadas. Quiero entrar y salir tan rápido
como sea posible”
Daniels: “Tiene sentido”
Burrell: “Phelan no es sólo un juez,
es una entidad política. Si pide algo, yo quiero dárselo” (Episodio 1.01)
Posteriormente,
en la reunión de la nueva unidad destinada a atrapar a Barksdale con la
fiscalía, McNulty y Daniels discuten sobre lo acertado del plan marcado por
Burrell:
Daniels: “McNulty y Santangelo
(compañero en Homicidios de McNulty) trabajarán en los homicidios sin resolver,
a ver si pueden armar algo. Kima y mi gente (el resto de agentes de la unidad)
arrestarán traficantes en Terrance. Arresten rápido y eficazmente, si los
enviamos a prisión, otros caerán”
McNulty: “No atrapará a Avon
Barksdale o a Stringer Bell (segundo de Avon) ni a nadie importante, no con
redadas callejeras”
Daniels: “No lo sabe”
McNulty: “Estos tipos son buenos,
están bien organizados, tienen a todos corriendo asustados”
Daniels: “¿Qué sugiere?”
McNulty: “Vigilancia, registro de
llamadas, investigación financiera. Juntar pruebas hasta que hallemos el modo.
O informantes con micrófonos o Título III. Así se logrará éste caso”
[…]
Daniels: “Nada de vigilancia, lo
haremos rápido, limpio y simple”
McNulty: “Entonces no logrará nada”
(Episodio 1.01)
Lo que ponen de
manifiesto éstas primeras escenas de la serie es una divergencia en los
objetivos y, en consecuencia, en los métodos. Mientras que McNulty es un
policía vocacional que desea hacer las cosas de la manera más difícil y, a la
vez, más productiva, Burrell sólo quiere contentar al juez con algunos arrestos
callejeros, con incautaciones de drogas y con arrestos rápidos que resulten en
buenas estadísticas. Esta es la primera gran problemática social que tratará The Wire, aunque posteriormente veremos
cómo el caso va creciendo hasta salpicar a altos cargos políticos e incluso
hacer tambalearse los puestos de, entre otros, Burrell, el senador Clay Davis y
hasta el alcalde Royce.
El cuarto punto
es la intención de describir y tratar de manera ecuánime a todos los estratos
de la sociedad, dando a todos cabida dentro de la narración.
Una de las
principales características de The Wire
es que el tratamiento de, en el caso de la primera temporada, los
narcotraficantes es el mismo que el trato del Departamento de Policía. Tanto
unos como otros son vistos como personas con sus preocupaciones, sus
obligaciones, sus problemas y su manera de resolverlos, no son estereotipos de
héroes y villanos, sino que son tratados de igual manera, con la misma
sensibilidad, estén del lado de la ley que estén. En este sentido hay que
resaltar The Sopranos (Los Soprano) HBO, 1999-2007, como un
precedente claro, aunque también se podría hablar de otras series contemporáneas
con criminales como protagonistas, como Breaking
Bad (AMC, 2008-2013).
Es interesante
el retrato que hace la serie de los dos bandos en la Guerra contra las Drogas.
Por un lado, entre los policías, tenemos individuos como McNulty, Greggs o
Freamon, buenos profesionales, comprometidos con su trabajo, pero que ven como
sus esfuerzos no llegan a concretarse en detenciones de nivel. Por otro lado
tenemos a policías de bajo rango con otras aspiraciones, como cobrar horas
extra y trabajar lo mínimo, para pasar después a los medios y altos cargos, en
su gran mayoría preocupados únicamente por sus carreras y por mantener más o
menos satisfecho a su inmediato superior, acatando órdenes aunque supongan, por
ejemplo, una merma para el caso.
Por otro lado
tenemos a los narcotraficantes. Avon y Stringer, los dos capos, son muy
profesionales y precavidos, aunque también pragmáticos y sin escrúpulos, han
sido los más fuertes y los más listos en un mundo plagado de miseria y
violencia en el que nacieron y se criaron. Pero la misma atención es la que se
le presta a los chicos que empiezan a introducirse en el juego, como Bodie, Poot o Wallace, jóvenes inocentes empujados por
las necesidades al dinero fácil de las esquinas. Por encima de ellos
encontramos a los mandos intermedios de la organización y al músculo, la fuerza que los mantiene en
el poder. A lo largo de la temporada tendremos la posibilidad de inmiscuirnos
en los problemas familiares de los Barksdale, así como las relaciones de éstos
con sus proveedores de droga, sus rivales por las zonas de venta o los
problemas con sus subalternos.
Por debajo de
todos encontramos a los drogodependientes, a los que también se retrata con
rigor. A Bubbles, su máximo exponente, lo seguimos desde el primer episodio
hasta el último de la serie en su camino de entrada y salida de la adicción, en
la relación con su familia, con sus amigos y con el mundo que le rodea.
Además de la
atención por cada uno de los estratos sociales, un elemento a destacar en la
intención de los creadores por retratar con realismo la sociedad de su tiempo
es la cuidada jerga y el acento que utilizan todos los caracteres, que además
del hecho de estar fielmente basados en las experiencias y en las personas
reales que conocieron los guionistas, es fundamental para conseguir la
sensación de realismo del producto final. Simon destaca, entre otros, en este
aspecto a Rafael Álvarez, cuyo conocimiento del puerto de Baltimore le permitió
incorporar muchas coletillas y frases hechas al guión de la segunda temporada.
Una anécdota
ejemplifica perfectamente el uso de esta metodología por parte de los
escritores para dar realismo a sus diálogos. Cuenta David Simon cuando conoció
a Richard Price: “Vino a Baltimore a estudiar una parte de Freedomland (El color del
crimen) 1998. Teníamos entre manos un asesinato parecido al que él estaba
escribiendo, y quería darse una vuelta por ahí para captar mejor el tono de la
cosa, imagino. De manera que viene a verme, salimos a recoger material para su
caso, entrevistamos a testigos, detectives y hasta al lucero del alba. Y como
él es el jodido Richard Price, que me enamoró desde The Wanderers (Las pandillas
del Bronx), pues tenía que enseñarle mi territorio un poco. Por aquella
época, yo estaba investigando y escribiendo The
Corner, el libro. Así que cogemos el coche rumbo a West Baltimore, y yo
empiezo a enseñarle el barrio donde Ed y yo estamos ya recogiendo material para
nuestro trabajo. Al doblar una esquina, me tropiezo con Gary McCullough, uno de
mis personajes principales[10]. Y
Gary, que acaba de conseguir droga y tiene un colocón de campeonato, empieza a
charlar con nosotros, se ríe de algo que he dicho y exclama: «Jo, tío, eres
como un apple-scrapple». Es una expresión típica de Baltimore pasada por la
jerga afroamericana que significa algo así como tomar un plato especial o darse
un capricho. Al poco de decirlo Gary, noto un gesto picaruelo en la cara de
Price, y pienso de repente: «Mierda, me va a quitar el apple-scrapple. Espero
que no lo publique antes que yo; si no, adiós muy buenas». Por supuesto, en
cuanto Gary se marcha, Richard se vuelve a mí y me recita: «¡Apple-scrapple!
¡Me lo quedo!»” (Simon, 2010: 39).
Además de estos
detalles, todos los diálogos en general están muy cuidados, gracias al tiempo
que pasaron los guionistas, sobre todo David Simon y Ed Burns, en las calles o
tratando con la gente que se retrata en la serie. Esto hizo que sus guiones,
que además eran seguidos de manera muy estricta por los actores, fueran
creíbles para la propia gente de la que estaban hablando.
El estilo es un
elemento capital en la novela realista. El Realismo estadounidense, por
ejemplo, está caracterizado por un amplio uso del dialecto, que los europeos
tenían más problemas utilizando o contra el que parecían tener prejuicio. De
hecho la obra cumbre del Realismo Americano, The Adventures of Huckleberry Finn (Las aventuras de Huckleberry Finn) 1884, de Mark Twain (antiguo
periodista) está íntegramente escrita en varios dialectos del valle del
Mississippi que se mezclan a lo largo de la narrativa.
La quinta y
última características destacada del Realismo Decimonónico que vamos a buscar
en The Wire es la llamada en varios
estudios “Observación científica”, es decir, una mirada que pretende ser objetiva
o neutral con respecto a las problemáticas desarrolladas. Es el afán por copiar
la naturaleza tal y como es, por reproducir fielmente una realidad externa,
preexistente al observador.
En este sentido,
hay que destacar diferentes técnicas de filmación utilizadas en The Wire, como el uso de cámaras que
potencian la objetividad o planos que dan información de todo el entorno. Estos
elementos, junto a algunos que potencian trasparencia en la narración, los
analizamos acto seguido en el apartado de Lenguaje Visual siguiendo el trabajo
del investigador noruego Erlend Lavik.
Lenguaje visual
Aunque está claro que los
personajes, las tramas y los diálogos de The
Wire son importantes artífices del realismo que transmite la serie, su
cuidada estructura visual es la que realmente dota al resultado final de una
importante impresión de realidad.
Erlend Lavik,
investigador del departamento de Ciencias de la Información y Medios de
Comunicación en la Universidad de Bergen, realizó un vídeo llamado Style in The Wire, en el que explica,
desde el punto de vista del estilo visual, la filosofía y las técnicas de
filmación utilizadas en la serie, demostrando, según su criterio, cómo éste
estilo es parte fundamental para conseguir los efectos realistas del producto
final.
Una de las cosas
que más llaman la atención, entroncando directamente con la linealidad de la
narración, es la ausencia total de la técnica de flashback. En 60 horas de
emisión, apenas encontramos unos segundos en los que visualizamos los recuerdos
de un personajes, estos segundos se encuentran en el primer episodio, y se
introdujeron a petición expresa de la cadena, HBO, por miedo a que la gente no
recordara la cara de un hombre asesinado que había sido testigo en un juicio al
inicio del capítulo[11].
Más allá de este
elemento circunstancial, la técnica del flashback no se utiliza en la serie,
sirviéndose únicamente de conversaciones para contar elementos del pasado y
componiendo una narración cronológicamente lineal, lo que da más realismo al
relato.
Además, The Wire se sirve de otros procedimientos de cámara, como la
focalización restringida, para acrecentar la sensación de realismo. En las
conversaciones, la cámara nunca muestra al personaje antes de que hable, sino
que, como si se tratara de un documental grabado en directo, la cámara sólo
enfoca al personaje cuando éste ya ha comenzado a hablar y el oyente se percata
de ello.
Algo que
contribuye a la sensación de realidad y objetividad es la ausencia total de
encuadres subjetivos. Nunca se presenta la acción desde el punto de vista de
ningún personaje, no se nos muestra el campo de visión de uno de los presentes
en la escena, sino que la vemos desde fuera, como observadores externos. A
menudo la cámara recorre un espacio vacío antes de acceder a donde se está
produciendo la escena. Esto es, el espectador no está donde se va a desarrollar
la acción antes que los personajes, sino que llega con ellos o cuando ya ha
comenzado la acción. Estas técnicas entroncan directamente con la ilusión de
realidad del Realismo Genético (siguiendo la nomenclatura de Darío Villanueva),
la ilusión de una realidad externa, preexistente al observador.
Las abundantes
tomas captadas por cámaras de seguridad, que muestran muchas escenas de la
calle, contribuyen igualmente a aportar imparcialidad y objetividad, además de
dar la sensación al espectador de estar observando a alguien que no se sabe
filmado. A una similar pulsión de objetividad responden las muchas escenas en
las que el espectador ve a los protagonistas a través de los espejos
retrovisores de sus coches. Son una especie de espacio privado de la persona a
la que los productores no quieren acceder si no es por un medio indirecto, para
que el espectador tenga la sensación de que observa sin ser visto, sin
intervenir en la acción condicionándola.
Por otra parte, Lavik
destaca el uso del formato 4:3, la ratio clásica o académica (Academy ratio), dominante en la pantalla
comercial hasta los años cincuenta, en que comenzó a ser desplazada por el
cinemascope y, posteriormente, la panavisión. La ratio clásica da una sensación
mayor de realismo, ya que incorpora los mecanismos del documental y recuerda, a
la vez, al neorrealismo del italiano Roberto Rosellini (1906-1977).
Además, Lavik
destaca otra técnica utilizada en The
Wire que otorga más naturalidad tanto a los personajes como a las
situaciones. Como en la vida real, los caracteres no expresan siempre sus
sentimientos, sino que éstos son revelados al espectador mediante lenguaje
corporal (en la formulación de la narratología clásica, “showing rather than
telling”)
El sonido es
otro detalle más que cuidado por los creadores de The Wire, reproduciendo hasta el más mínimo ruido, que en las
producciones normales se elimina, para hacer la secuencia lo más real posible.
Desde ruedas de coches hasta mecheros encendiéndose, pasando por radios de
policías o tubos de droga rompiéndose, en The
Wire son muy numerosos los silencios aparentes, en los que solo se escucha
la vida transcurriendo en la ciudad. Además, en ningún momento de la serie se
utiliza la ambientación musical, la música extradiegética. El espectador sólo
escucha la música que escuchan los personajes, no hay escenas con, por ejemplo,
música dramática superpuesta, así como tampoco encontramos efectos de sonido
enlatado ni voz en off. En cierto modo, estos rasgos estilísticos entroncan con
la narrativa sin intervención o comentario autorial iniciada por Gustave
Flaubert.
Más allá del
lenguaje visual, podríamos añadir un punto más, que Erich Auerbach adscribe a
Ibsen y sus obras dramáticas pero es aplicable tanto al Realismo Decimonónico
como a The Wire: La circunscripción
de un problema a un contexto reducido y local, pero que es extensible a gran
parte del mundo. Las obras dramáticas de Ibsen se centran en problemas muy
concretos de una sociedad residual en Europa como es la Noruega, pero como bien
destaca Auerbach, sus denuncias “son extensibles a la burguesía centroeuropea
en general” (Auerbach, 1942: 487). Así mismo, The Wire se centra exclusivamente en Baltimore, en los problemas de
la ciudad, en la ineficacia de sus sistemas de organización social. Pero todos
los problemas de los que adolece la administración de Baltimore son extensibles
a toda ciudad más o menos grande de América y, por extensión, del mundo
occidental, ciudades que tienen los mismos problemas con la guerra contra las
drogas, con las presiones políticas y económicas, con la educación, el paro o
con el cómo (des)informan los medios de comunicación. En éste sentido, cabe
destacar que las autoridades de Baltimore no vieron con buenos ojos la imagen
que la serie estaba trasmitiendo de su ciudad y de ellos mismos, por lo que
intentaron impedir que se rodara en la urbe. Sin embargo, Simon ha repetido en
varias ocasiones que la serie se centra en Baltimore ya que es la ciudad que
mejor conoce, pero que es un retrato de los problemas de la América de hoy día,
y, por extensión, del mundo occidental.
Conclusión
Este estudio muestra la vigencia de
una intencionalidad realista entre los creadores de la cultura popular
contemporánea, sobrepasando los límites del movimiento literario. Muestra que
el Realismo no es sólo un estilo de un período determinado, en cierto sentido
pasajero, sino una aproximación estética que supera el marco del siglo XIX y de
la literatura y que continúa con vigor en nuestros días, impregnando todos los
aspectos del arte y con una vigencia a día de hoy incomparable a cualquier otra
característica artísticas.
Ya hemos
mencionado la idea de que toda creación artística tiene como punto de partida
la realidad, de la que se aleja o se acerca en función de la inquietud del
creador, sin embargo, cuando hablamos de que el Realismo continúa vigente, nos
estamos refiriendo a una intencionalidad consciente por representar la realidad
en la obra, en este caso audiovisual, casi la necesidad de transmitir al
espectador una serie de hechos reales que le den una nueva visión del mundo que
le rodea, que le amplíe los puntos de perspectiva en base a los que juzgar a
otras personas, al sistema social establecido o a las autoridades que lo
mantienen inamobible.
Parte de la
ruptura estética de principios del siglo XX, comandada por las Vanguardias, pareció dejar atrás
de una vez por todas el Realismo, pero la sensación es que el Realismo nunca se
ha marchado del todo. Esta sensación está muy presente, sobre todo, en la
cultura de masas. En el ámbito audiovisual, el cine de Hollywood del período
clásico fue fundamentalmente realista (salvo algunos géneros como el musical).
Y gran parte de la televisión también ha tenido un corte realista, sobre todo
en sus primeros años.
Una de las
razones que explica la vigencia del Realismo, aun en nuestros días y en un
medio como el drama de ficción televisivo, podríamos buscarla en Georg Lukacs,
quien apunta que quizá el mundo es demasiado complicado y el Realismo ofrece un
intento de comprender y sistematizar los problemas a los que nos enfrentamos
cada día. El tipo de producto como The
Wire ayuda a comprender a muchos espectadores, inmersos en la imagen
estereotipada de tantas y tantas producciones televisivas y cinematográficas,
así como en la (des)información de los más importantes medios de comunicación;
cómo y, sobre todo, por qué ocurren ciertas cosas. El Realismo, en el contexto
de The Wire, ayuda al espectador a
comprender cómo funcionan los sistemas sociales que rigen su vida, desde la
educación hasta la toma de decisiones políticas, así como a conocer muchos
aspectos de la vida social, como la miseria o la drogadicción, que los máximos
responsables de la sociedad intentan esconder, pero que realmente están ahí. Esa
sensación de descubrimiento y comprensión creo que es lo que realmente atrae al
espectador a una serie tan descarnada como The
Wire.
Siguiendo
a Lukacs podríamos decir que el Realismo no sólo es un modo literario sino
también un mapa del mundo: un estilo cognitivo, que nos ayuda a comprender--o
intentar comprender--nuestra realidad, y esto siempre es placentero.
El Realismo es un apoyo para el
espectador en sus intentos de comprensión del mundo. Los problemas son, a
menudo, abstractos y la narrativa realista les da cuerpo y cercanía, los
convierte en algo palpable para la mente del espectador.
Bibliografía
Álvarez, Rafael. The
Wire. Toda la verdad (The Wire. Truth be told).
Traducción de Joan Eloy Roca. Barcelona. Principal de libros, 2013. Prólogo
de David Simon.
Auerbach, Erich. Mimesis:
La realidad en la literatura (Mimesis:
Dargestelle wirklichkeit in der abendlandischen literatur) México DF. Fondo
de cultura económica, México, 1950 (Primera edición en alemán, 1942)
Becker,
George J. (Compilador) Documents of
Modern Literary Realism, Princeton University Press. 1963. Citado en
Villanueva, Darío. Teorías del Realismo
Literario.
Barnouw,
Eric The Image Empire: A History of Broadcasting in the United States from
1953, Oxford University Press, 1970.
Cascajosa Virino, Concepción. Prime Time. Las mejores series de la TV americana. Madrid. Calamar
ediciones, 2005.
Cofré, Violeta y Rodríguez, Juan Ignacio. “Series de TV
Cable: ¿La gran narrativa actual?”. En: El Mercurio. 29 de abril de
2012. Impreso. Citado en Moreno, Santiago. The
Wire: La Insistencia del Realismo, 2012
García, Alberto N. “This America, man! El Realismo como
crítica ideológica en The Wire”. Publicado en: Torregrosa, Marta (coord.) Imaginar la realidad. Ensayos sobre la representación
de la realidad en el cine, la televisión y los nuevos medios, Sevilla. Ed.
Comunicación Social, 2010, (111-122).
Lavik,
Erlend, Style in The Wire, 2012. Vídeo
(consultado 12 de junio de 2013) http://vimeo.com/39768998
Lukacs, Georg. Teoría
de la novela. Traducción de Juan José Sebreli. Buenos Aires, Siglo Veinte,
1966.
Lukacs, Georg. “Se trata del Realismo” 1938. Materiales sobre el Realismo. Traducción
de Manuel Sacristán. Barcelona, Grijalbo, 1977.
Frye, Northrop. “The responsabilities of the Critic”, MLN (797-813) 1976. Citado en Villanueva, Darío. Teorías del Realismo Literario.
Marx, Karl, y Engels, F. Sur
la littérature et l`art, París, Editions Sociales. 1954.
Citado en Villanueva, Darío. Teorías del Realismo Literario.
Moreno, Santiago. The
Wire: “La Insistencia del Realismo”, Revista
Laboratorio, Universidad de Chile, Santiago, Chile. 2012
Simon, David y otros autores. The Wire. Diez dosis de la mejor serie de la televisión. Madrid. Errata naturae, 2010.
The Wire. HBO, 2002-2008. David Simon.
Pérez-Lanzac, Carmen. Entrevista a David Simon, El País, 2 de mayo de 2010. (Página
consultada 12 de junio de 2013) http://elpais.com/diario/2010/05/02/domingo/1272772362_850215.html
Villanueva, Darío. Teorías
del Realismo Literario. Instituto de España, Madrid. Espasa-Calpe, 1992.
Weller, René. Historia
de la crítica moderna (A history of
modern criticism) Versión castellana de J. C. Cayol de Bethencourt. Volúmenes
III y IV. Madrid, Gredos, 1972/1988 (Yale University, 1965)
[1] Expresión utilizada por
los altos cargos de la policía para pedir a sus subordinados la confiscación de
droga mediante redadas.
[2] Como dato curioso, el Jay
Landsman real también aparece en The Wire,
con un papel más o menos recurrente dando vida al detective Mello, segundo de
Colvin.
[3] Además, Peters ya había
trabajado con Simon en la miniserie The
corner (HBO, 2000) en la que da vida a un drogadicto.
[4] Las llamadas en inglés networks son las cadenas mayoritarias,
que emiten en abierto, en EEUU, esto es, ABC, CBS y NBC, que mantuvieron el
monopolio del sector hasta la irrupción de la Fox en 1986.
[5] Episodios 4 y 18
(coescrito con Anya Epstein) a partir de ideas de Tom Fontana, Henry Bromell y
Barry Levinson.
[6] De hecho, al final de la
serie se emitió una entrevista con las personas reales que dieron origen al
libro, con sus mismos nombres y sus experiencias, en la esquina alrededor de la
cual se desarrolla toda la historia.
[7] Según Concepción Cascajosa
Virino, “se podría traducir libremente como La taquilla en casa, debido a que
en sus inicios era un canal dedicado a emitir
películas recientes, antes que las networks” (Cascarosa Virino, 2005:
102)
[8] El apellido original de su
familia era Del Cesare, variante usada para referirse al director en algunas
ocasiones (Carrascosa Virino, 2005, p 106).
[9] Treme es el proyecto en que se embarcó David Simon tras la finalización
de The Wire. Al contrario que ésta, Treme se sitúa en Nueva Orleans, tres
meses después del paso por la ciudad sureña del huracán Katrina, que en 2005
arrasó gran parte del Golfo de México.
[10] Gary McCullough es el
padre de la familia protagonista de The Corner.
Un hombre de gran corazón sumido en la drogodependencia por influencia de su
mujer, encarnado en la serie de la HBO por T. K. Carter.
[11] Al final del primer
episodio, D´Angelo Barksdale rememora, al ver el cuerpo del testigo muerto en
el suelo, cómo éste declaró en su contra en el juicio con que comienza su
participación en la serie. El miedo de la cadena era que los espectadores no
recordaran al testigo y no comprendieran por qué habían matado a ese hombre.
Alejandro García Sánchez, 2013, Universidad de Murcia.
Alejandro García Sánchez, 2013, Universidad de Murcia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario